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Patrimonio Cultural Inmaterial de la Sierra de Albarracín

El último dulzainero de la Sierra de Albarracín

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La dulzaina es un instrumento musical de viento de lengüeta doble de la familia del oboe de forma cónica y unos 30 cm de longitud que fue introducido durante la dominación árabe. En Aragón se toca acompañada de un tambor, redoblante o caja. En la Sierra de Albarracín había dulzaineros hasta hace dos décadas pero actualmente no queda ninguno.

En el presente artículo reproducimos un artículo publicado en 1984 en la revista Mayumea de la Comunidad de Albarracín (2) en el que se entrevista al desaparecido José Giménez, natural de Albarracín, que pasaba por ser el último dulzainero de la Sierra de Albarracín.

“Acompañado al siglo, José Giménez, enjuto de cuerpo pero lleno de ilusiones, cargado de recuerdos y también de amigos, albarracinense de siempre, pero conocido en toda la Comunidad y otras partes de Aragón, respetado y solicitado en fiestas y lugares, «a cada momento me llaman para ir a un sitio o a otro», este hombre conocido popularmente por el «gato», «estando en los Escolapios, un día el sol me daba en los ojos y como eran verdes me chispeaban como los de un gato y los chavales me pusieron ese nombre», ha vivido llenando esos ojos verdes del color y las fiestas de tantos y tantos pueblos al son de su dulzaina, compañera inseparable, que siempre ha respondido solícita a sus caricias, todavía hoy sus huesudas manos arrancan con dulzura los sones de la dulzaina más vieja de la Sierra, y sin duda, el que también, tristemente sea el último dulzainero de estos contornos, «de todo Aragón sólo somos seis y el más anciano soy yo, están en el Bajo Aragón y los demás en Zaragoza y Huesca».

La conversación surge fluida y agradable, charlamos tranquilamente, dice él que le falla la memoria, pero los datos y cifras surgen precisos y con pocas dudas, de vez en cuando parece echar la vista atrás como buceando y rápidamente torna de nuevo con la voz firme de quien año tras año ha ido dominando y mandando a través de la embocadura de su instrumento.

La primera pregunta, obligada y lógica, sobre sus primeros pasos musicales. «Cuando era muchacho iba de pastor y tocaba un pito de caña, de esos que solían venderlos en las ferias que eran “pintaus” de en-camau” llegué a tocarlo bastante bien». Nuestra imaginación se lanza en pos de aquellas ferias de principio de siglo con sus tenderetes llenos de tipismo, cuajadas de charlatanes y con los lugareños absortos en todos objetos y artilugios, pero José continúa vivazmente: «allá por el año dieciocho se formó en Albarracín una banda de música, entonces yo tocaba la trompeta, luego me cambiaron al clarinete, y así estuvimos hasta el año veinticuatro o veinticinco que se disolvió la banda, entonces este otro chico que tocaba el tambor pensamos de ver si nos vendían una dulzaina y tú el tambor». Y así de la fuerza de voluntad de un hombre que no quiso acabar su afición con aquella banda deshecha, surgió una vocación por ese instrumento que le ha acompañado hasta hoy, al mismo tiempo que un compañero y amigo, Manuel Alamán, que le acompañó por tantos y diversos lugares hasta que ya se fuera para siempre. Le instamos a que siga con la historia. «Fuimos a Tramacastilla que había allí unos gaiteros muy famosos y compré la dulzaina pero yo no la había tocado nunca y se me hacía difícil, aunque poco a poco fui tomando la embocadura y me hice con ella.»
Nos pica la curiosidad por saber algo más de esos gaiteros y nos aclara, «yo le compré la dulzaina al “tío Roque” de Tramacastilla, que tenía un hermano en Villar del Cobo y cuando tenían que tocar en algún pueblo, se juntaban, y éstos han sido los mejores dulzainero que yo he sentido». Al llegar a este punto se levanta y regresa de inmediato llevando en la mano la dulzaina envuelta en una funda de ganchillo color verde, que él mismo nos dice fue confeccionada por su difunta esposa, con mucho mimo nos la muestra no sin antes hacer unas escalas y una breve interpretación tras de probar con varias embocaduras, a pesar de parecer una delicia esta música no se muestra contento pues al estar la boquilla seca no parece arrancar las notas con la perfección que desea, maravillosa dedicación la de este hombre que a pesar de sus ochenta y cuatro años aún busca el virtuosismo.
Continuamos hablando sobre hechuras, construcción y materiales, «ésta me supongo que esta hecha de madera de haya, las que hacen ahora son también de madera y tocan bien pero son más bastas de carácter».

La siguiente pregunta se encamina a que nos diga los lugares que ha recorrido tocando, a lo que nos contesta, «la primera vez que salí fue a Zaragoza, fuimos un grupo de aquí y otro de Teruel y nos presentamos en el Teatro Principal, a Madrid fuimos también de Albarracín, de Teruel y de las Parras cuando se inauguró la Feria del Campo y cada día actuaba una región». Continuamos hablando de sitios y lugares y naturalmente nos habla de Teruel por ser el sitio que más veces ha ido, en realidad acude todos los años, junto con el joven tambor Jesús Royo que le acompaña en todas las actuaciones que últimamente son menos debido naturalmente a su edad, limitándose a esta ciudad y por supuesto a su pueblo. De la última actuación en la capital nos dice: «como rodaba la televisión, me pidieron que bailaran los gigantes y toque una jota que bailaron sólo dos de los cinco o seis que van, porque los gigantes no bailan nunca, los cabezudos sí, bailan en varios sitios, pero los otros no y lo hicieron en la plaza del Torico» y es que ya es casi una institución esta estampa sonora que año tras año y fiesta tras fiesta ve junto con una chiquillería saltarina y bulliciosa desgranando músicas y alegría tras los inquietos cabezudos y vacilantes gigantones que en olores de fiesta recorren las calles turolenses.

Nos viene a la memoria el dicho de «Ir de fiesta en fiesta como el gaitero» y nos contesta que cada vez se van perdiendo más fiestas, sin ir más lejos en Albarracín, «Cuando era más joven aquí tocábamos tres veces, para la Virgen del Carmen el 16 de julio,» el 4 de agosto, fiesta de Santo Domingo, se tocaba primero en la fiesta que se hacía de la iglesia y luego por la noche en la plaza bailábamos la Jota Hurtada, y claro luego estaban las fiestas patronales que aún tocamos». Al oír hablar de la Jota Hurtada nos viene a la memoria una película que se rodó en esta ciudad allá por la década de los cuarenta y en la que actuaba él interpretándola en la plaza Mayor; nos contesta que efectivamente fue así, participó todo el pueblo, la bailaron mozos y mozas, y que la película se titulaba «Los Mayos de Albarracín», saliendo también la rondalla interpretando éstos diversas jotas. Surge nuevamente la pregunta sobre el futuro de la dulzaina, le preguntamos si en esta sierra alguien en la familia ha continuado con esta tradición: «un hijo que tengo en la provincia de Castellón empezó como a querer pero nada más, e incluso un nieto que tengo en Teruel se compró una pero nada, no ha seguido nadie». Le preguntamos también por otros descendientes de aquellos dulzaineros que fueron famosos en la sierra y nos dice «como ya he dicho los más famosos eran los de Tramacastilla, aunque había también en Terriente y éstos cuando aquí no había venían a tocar y en Gea también estaban algunos». No queremos ponernos pesimistas a pesar de que el futuro se presenta un tanto incierto para este instrumento recio de voz, aunque sencillo de cuerpo, instrumento por otra parte de siempre, muy enraizado en esta zona por su origen árabe; esperemos que esas nuevas generaciones de jóvenes músicos que pronto comenzarán a salir del Instituto Musical Turolense piensen en la enorme tradición que ha habido de siempre en esta zona y en otras de la provincia y se vuelquen en este precioso instrumento, tan valorado en otro tiempo, que hasta los artesanos guardaban celosamente el secreto de su construcción, aunque algunos de ellos emplearan las finas copas de los pinos para vaciarlas y confeccionar en ellas la caña; a estos jóvenes queremos ponerles como ejemplo a este hombre, a Jesús Giménez, cariñosamente «el gato», que a sus ochenta y cuatro años mantiene viva la llama con la misma ilusión con que la encendiera allá por los años veinte.

Archivo sonoro:

Escuchar grabaciones de José Gimenez “el Gato (1)

Galería de imágenes

Fuentes

(1)  Los dulzaineros y tamborileros de la Sierra de Albarracín.
(2) Revista de la Comunidad Cultural de la Sierra de Albarracín “Mayumea”, Nº 2, Diciembre 1985

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Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

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